sábado, 8 de agosto de 2015

Exposición de bicicletas y XVII Pedalada nocturna

Este sábado se ha celebrado la XVII Pedalada nocturna que ha sido acompañada por una bella exposición de bicicletas antiguas.
Había de todos los estilos: de carrera, triciclo, de montaña y otras,pero las que más han llamado la atención han sido aquellas que se dedicaban a las labores: correos, mèdico, lechero, afilador, vendedor de aceite, guardia civil, etc.
Serían algo más de las 19,30 horas cuando se iniciaba el recorrido de la Pedalada nocturna con todos estos ciclistas dispuestos a disfrutar sufriendo con el recorrido preparado por los organizadores.

































domingo, 26 de julio de 2015

Concentración de coches clásicos en Miraveche.

En el pueblo de Miraveche se ha celebrado, este domingo día 25 de julio, una concentración de cohes clásicos.
Han asistido algo más de treinta de ellos. Seat 600, Seat 1500, Citroen,Volkswagen, Cadillac y algunas marcas más que ahora no recuerdo.
El coche que más ha llamado la atracción ha sido un Cádillac de los años 70.
Miraveche, para aquellos que no lo conozca, es u pequeño pueblo que está situado a los pies de los Montes Obarenes y pertenece a la comarca de la Bureba.




Este Cádillac era la atracción de la concentración.





lunes, 6 de julio de 2015

Las jotas de don Ceferino






En un diminuto pueblo de esos que hay tantos en esta Castilla; pequeños pueblos condenados al olvido, pueblos rodeados de plomizos cerros y manchados de cenizos encinares. En un pueblo de ésos me encontré a Ceferino. Sentado en un banco de madera al apoyo de una pared de una vetusta casa del pueblo, disfrutando de un sol generoso, y teniendo enfrente la fuente que con dos abundantes chorros alimentaba un pilón.
Con su boina tapando un pelo níveo, apoyado en su cachava y pensando sepa Dios en qué, ni siquiera me vio llegar.
—¿Se puede beber esta agua? — Le pregunté y se dio un susto al verme.
—¿Qué si se puede beber? Este agua es de las mejores que hay por la zona. Yo llevo bebiéndola más de noventa años y sigo vivo.
Me respondió mientras me observaba de arriba a abajo e intentaba saber quién era y qué hacía yo por ese lugar.
— Cae buen chorro, pero ¿no estará contaminada con tantos abonos y pesticidas que ahora se usan? — Le dije.
— Este agua viene de la montaña y allí no se siembra. —Me respondió.
— Pocas personas se ven por el pueblo. — Le comente intentando de algún modo tener algo de conversación con él.
— Ahora ya no quedamos nada más que cuatro viejos, pero hace mucho tiempo aquí llegamos a vivir cuatrocientas personas, y teníamos hasta dos cantinas. Hoy en día sólo los fines de semana vienen algunos que están en las capitales. Y de las cantinas nada. No hay trabajo de ningún tipo y si no hay trabajo no hay vida.
Aquí el trabajo se fue marchando cuando llegaron las máquinas. Desde que no aramos con los bueyes, no vamos a por leña al monte y no segamos el trigo y la cebada con la hoz, esto se ha ido despoblando. Antes trabajábamos todos y, cuando la siega, venían los gallegos a echarnos una mano. Entonces el pueblo aumentaba de gente y había vida y juerga. Trabajo muy duro, sí señor, pero existía vida. Ahora sólo la compañía de la soledad, y no es ninguna mujer, ja, ja,ja.

Yo sé que cualquier persona como Ceferino es un libro interminable de anécdotas y recuerdos. Así que quise seguir conversando con él para ver si al final (como todas las personas mayores) arrancaba con sus recuerdos y me contaba algo de ese lugar.

— ¿Y qué busca por estos lugares? ¿Es periodista? —Me preguntó.

Me preguntó eso, seguramente, al verme con la cámara fotográfica al hombro.

— Nada. Dando un paseo y ver lo que puedo fotografiar. Cualquier cosa me vale.

—¿ Y cómo se llama el señor?—Me preguntó.
—Me llamo Paco.
—Paco… Paco por este pueblo no se llama nadie. Usted no es del pueblo. A mí no se me escapa ninguna cara.
—No. No soy del pueblo. Soy de muy lejos de aquí. Pero qué raro que nadie se llame Paco; si es un nombre muy común.
—Aquí no hay ningún Paco. Aquí están: Inocencio, Tiburcio, Ordulio, Primitivo, Maximino, Abundio, Cayetano, Porfirio y otros muchos…, pero Paco, ni uno.
—Pues vaya nombres que tenéis aquí, éstos sí que son raros. —Le dije.
—Raros dices. Raros son los que ponen ahora a los niños. Enai, Igor, Gersio, Álex, Cristian y todos esos nombrajos que no hay persona que los pronuncie.

Me imagino que algunos nombres los ha modificado a su antojo, pero yo ya he comprobado que corregirlos no sirve de nada. Como mucho, lo repite una vez correctamente, pero a la próxima vuelven a lo suyo.
—Pues sí que estoy aprendiendo hoy cosas interesantes —Le dije yo para ver por dónde me salía.
—Nosotros los viejos podemos enseñar muchas cosas, pero los jóvenes ahora están atontados todos con el móvil y los ordenadores esos del carajo. Solo usan los dedos; nada de cerebro. Son todos uno chambones.

— Quieres conocer los cuatro mandamientos fundamentales? — Me soltó así de repente.
— ¿Pero no son diez? — Le contesto yo.
— Fundamentales solo cuatro. Ahí van, escucha:

El primero amar a Dios
el segundo a la botella,
el tercero a las mujeres
y el cuarto dormir con ellas.

Al terminar se echo a reír y me miraba para ver cuál era mi reacción.
Aprovecho esta circunstancia y voy y le suelto que aquí en el pueblo cuando había gente en la cantina se cantaría. Él me dijo que por supuesto y casi todos los hombres cantaban jotas muy picantes y de las que se iban aprendiendo cosas. Y dicho esto se me puso a cantar unas cuantas:
Estaban mujer y burra
y apostaron a correr,
a correr ganó la burra
pero a burra la mujer.

La mujer y la pistola
están hechas del mismo acero,
por eso pa que disparen
hay que montarlas primero.

Cantó unas cuantas más, todas relacionadas con las mujeres pero yo no me acuerdo de ellas. Cuando me pareció le dije que hoy en día no se puede hablar así, que le van a tratar de machista.

—Ja, ja, ja . Se reía gratamente.
— Te voy a cantar otras para que vea que trato todos los temas.

Ahora sí que estoy contento
que me ha dicho mi madre
que va hacerme unos calzones nuevos
con unos viejos de mi padre.

—¡Como para no estar contento! —Le dije.

Vicios no tengo ninguno,
nada más me gusta el vino,
de los naipes no me aparto
y a las mujeres me arrimo.

— Pues mira, es verdad, no tienes vicio. — Le volví a soltar mientras él no paraba de reír.
Cuando el grajo vuela bajo
hace un frío del carajo,
cuando ya no ves gorriones
hace un frío de cojones.

Y así me cantó estas cuantas que he puesto aquí y otras que al no conocerlas de nada se me han olvidado totalmente, pero yo creía que este hombre no se cansaría de cantar, y además de cantar es que no paraba de reírse y, cada vez que finalizaba una, me miraba a ver cómo reaccionaba. Cuando veía que le seguía escuchando, él seguía cantando. Y es que este hombre poco a poco iba desalojando sus recuerdos, anclados en su arcaica memoria.
— Pues vaya repertorio que tiene señor… A todo esto, ¿cuál es su nombre?
— Yo me llamo Ceferino, para servirle. Y con noventa y dos primaveras vividas.
— Y ahora va una poesía. A ver si averigua quién es su autor. — Me soltó, sin darme tiempo a decir nada, una larguísima poesía y de la cual solo recuerdos estos pocos versos que más me sorprendieron y de los que tome nota al instante.
Ya casi no soy nadie
soy tan sólo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
— ¿Pero seguro que es de un poeta o no será un invento de usted? — Le contesté.
— No, nada es de un gran escritor y muy famoso.
—Bueno, don Ceferino, me tengo que marchar que lo pase usted bien y siga tan feliz con sus jotas.
Me voy del pueblo pensando en cuántos vastos días se pasará Ceferino sentado en el banco de la plaza, recordando con total claridad los actos de su infancia y juventud, mientras su más reciente pasado se le ha convertido en una inextricable tarea.
Cuando ya me alejaba me llamó Ceferino, y cuando me vuelvo a mirarlo me suelta:
Allá va la despedida
la que suelta los andaluces,
quién quiera saber, que aprenda,
quién quiera tener, que busque.

Se quedó riéndose a carcajadas mientras con la mano, la que no sujetaba la cachava, me saludaba en señal de despedida.
Cuando vuelvo a casa quiero comprobar si es verdad que la poesía tiene autor, y, efectivamente me encuentro que es de Jorge Luis Borges y titulada “Sábados”.
Para mí que Ceferino tendrá algo más que contarme que no sea jotas, pero eso será otro día.

domingo, 21 de junio de 2015

La Montaña





El frío viento penetra con ira en cada poro de su  rostro. Avanza tranquilo y seguro por el luengo camino que se adentra en el hayedo. Al llegar a él, su rostro se lo agradeció. Allí, el viento ululaba  enredándose entre las ramas de las hayas.
Dos jóvenes, con sus respectivas cestas, se preparan para recolectar los tan buscados y afamados Boletus edulis, que por esta zona fructifican generosamente.
—   Buenos días, ¿qué tal la busca?
—   Todavía no hemos comenzado, pero cuando se vea algo mejor, vamos a llenarlas.
—   Y tú, ¿adónde vas? —le preguntó el otro.
—   Al san Millán.
—   Mal día has escogido. Hace mucho frío y el viento sopla de cojones.
—   Eso es aquí a los novecientos; más arriba a los dos mil cien soplará más fuerte.
—   No te quepa duda.
—   Bueno, que os vaya bien y que el bosque os sea generoso.
—   Adiós.
 Se conoce muy bien este recorrido y sabe que a partir de aquí el terreno se va haciendo más agreste; que le toca vadear varias veces el río (que en esta época del año aumenta bastante  su caudal) y que hay tramos donde se puede observar pequeños torrentes de aguas espumosas. A él le gusta observarlos, y quedarse un rato a escuchar los monótonos acordes que  desprende el golpear de las minúsculas gotas de agua sobre la dura roca del cauce. Allí, su corazón se ralentiza y le cuesta emprender de nuevo el camino. Su memoria se deslizó en el tobogán del tiempo  y retrocedió unos años atrás cuando por primera vez, en una primavera calurosa, vio este lugar. Las hayas estaban cubiertas con su infantiles hojas, y  la pradera, de la base de la montaña, repletas de los gualdos narcisos; en la ladera los arándanos, y, en las grietas de las rocas, las siemprevivas, además del brezo blanco, la dedalera y la amapola amarilla, entre otras muchas..

También (ya que había llovido algo los días anteriores) en alguna parte del camino se habían formado charcos y había que sortearlos para no mancharse mucho los bajos del pantalón.
Desde que se acaba el hayedo hasta la cumbre hay aproximadamente kilómetro y medio,  con un desnivel de cuatrocientos metros, pero lo más difícil era escalar la gélida roca. Cada año se notaba más el efecto de la gelifracción en este lugar.
Mas fuese como fuese tenía claro su objetivo: llegar a la cima.
Cuando llegó  allí, el viento soplaba con tanto ímpetu que era difícil conservar la verticalidad. Se  arrebujó contra una roca y desde allí sentado, disfrutaba del panorama que esta altura le ofrecía.
Otros días, con el sol en pleno apogeo, desde aquí columbraba todo el hayedo, el pinar, los brezales y cómo los infinitos riachuelos serpeaban por ambas laderas hasta confluir en el río principal. Un día pudo contemplar  cómo una mamá jabalina  con sus cinco jabatos, salían de los brezales para ascender la calva montaña, seguramente buscando un refugio más propicio para pasar el resto del día.
Hoy eso no sería posible ya que era día de caza. Al salir de casa ya había visto los todoterrenos con sus remolques-jaulas aparcados en la calle, y se escuchaba el vocerío de los cazadores que en el bar se refocilaban tomando sus cafés, sus copas de licor e iban comentando y perfilando sus senderos de muerte.
        No le gustaba la muerte: ni de los animales ni de las personas. Pero en este mundo todo era guerra y destrucción. Por eso no estaba de acuerdo con la Biblia que dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Un Dios que relegó a la mujer a una ergástula permanente.  Había muchas religiones y en todas ellas la mujer era discriminada, menospreciada e incluso sacrificada. En todas las religiones y culturas del mundo el hombre prevalece sobre la mujer. El hombre, ese hombre, este hombre, aquel hombre… Los hombres causantes de la mayoría de los males que sufre la humanidad. Miles de años gobernando y proclamando su supremacía y han sido incapaces de acabar con la guerra y las injusticias en el mundo. Si dios es así, mal Dios es.
Hoy sólo podía divisar un mar de nubes algodonosas que le transmitían paz, tranquilidad y felicidad. Era lo que estaba buscando; porque Clara y Pedro, esa pareja de enamorados que después de varios años de noviazgo habían decidido casarse, y que se juraron amor eterno, hace ya unos días que habían roto sus promesas y habían decidido –de mutuo acuerdo– que sus vidas siguiesen sendas diferentes. Ya estaba harto de noches de insomnio. Su barco del placer naufragaba y él lo sabía. Su cama era ahora un lecho pedregoso donde las noches se hacen eternas. Ya no sentía las descargas eléctricas que le erizaban el vello cada vez que las manos de ella  lo tocaban; ya no se besaban ardientemente ni  se decían miles de «te quiero», y ya hace tiempo que sus actos amorosos no acababan con sus cuerpos  sudorosos y acezantes en el tálamo. Se había cerrado una etapa de su vida y tenía que afrontarla del mejor modo posible. Ya había aprendido que  en toda contrariedad la mayor  desgracia  es el haber sido feliz anteriormente. Pero sabría superarlo; era fuerte y estaba más que preparado para esta situación. Además era sabedor que cualquier persona puede enloquecer si ésta no logra olvidar lo que le produce el dolor.
Así, sentado, contemplado este paisaje se dejó llevar en la góndola del sueño que lo transportó plácidamente a los más recónditos y bellos lugares de su memoria. Recordó a ella, la serenidad  y luz en sus ojos, sus labios gruesos y sensuales que invitaban al beso, sus palabras dulces y cultas. Recordó su luna de miel, lo bien que lo pasaron; sus muchos viajes a lugares extraordinarios y todos los segundos que supo hacerle el hombre más feliz del planeta.
            Eran ya las cuatro de la tarde cuando  despertó. Sufrió un intervalo de amnesia disociativa y no sabía dónde estaba. Miró aturdido en derredor suyo y pocos segundos después, se situó y comprendió que estaba en el san Millán. Levantarse le costó un gran esfuerzo y estuvo haciendo unas flexiones para recuperar la circulación en sus entumecidas extremidades. ¿Cómo podía haberse dormido allí, si el gélido frío  y el aquilón irascible no habían cesado? —Se preguntó.
Siendo la hora que era no podía regresar por el mismo camino que había venido, ya que si la noche madrugaba lo atraparía en el camino y era mucho más dificultoso que por el otro lado: la bajada de un cortafuego. Que si bien era algo más largo, también era más seguro para poderse orientar y llegar a su destino. Así lo hizo.
Cuando llegó hasta el coche, se aseó algo en el río, se cambió de ropa y se preparó para marchar a casa. No había prisa de ningún tipo. No llegaría tarde porque nadie lo esperaba, nadie compartiría su mesa, nadie le contaría un chiste, nadie le comentaría esa noticia que había publicado la prensa, nadie vería con él una película sentados en el sofá, nadie acariciaría su pelo y sujetaría con amor  su mano; nadie, desde hace ya varias noches, dormiría en su cama.
Y es que desde hace ya unos días, sólo había dormido plácidamente y había tenido su rato de felicidad, en la cumbre de su amiga la montaña.

lunes, 15 de junio de 2015

Los toros, el fútbol y la caza.



Los toros, el fútbol y la caza.

Vaya por adelantado que no me gustan las corridas de toros, ni el fútbol ni la caza. Lo dejo aclarado para aquellas personas que le cuestan leer y sobre todo entender correctamente lo que leen, y para que así no haya mal entendidos.
Hoy en día se ataca continuamente a los toreros y a las corridas de toros, sobre todo porque se supone que es un mal trato animal, y en lo que estoy totalmente de acuerdo. También es verdad que a los toros no va nadie obligado y si la gente no fuese a los toros desaparecerían por sí mismo, solos sin necesidad de  prohibir nada. También es verdad que en los toros solo sale muerto el toro (de vez en cuando algún torero).
Como ya he dicho hay mal trato animal en las corridas de toros, pero yo me pregunto: ¿no hay mal trato animal en el fútbol? Me dice un amigo que en el fútbol no hay animales; cosa que como bien podéis colegir no estoy de acuerdo. El hombre es el peor animal que hay, el más cruel y el más destructivo. Es palmario que en  el fútbol la mayoría de los que van descargan su agresividad contra ese señor de negro que suelen denominar arbitro, y no solo en el campo sino que luego en las televisiones y en los programas de radio se siguen atacando  a esa persona; las mayoría  de las veces porque no nos han favorecido en nuestros deseos o porque creemos que se ha equivocado, (como si fuese tan fácil no equivocarse). Lo curioso es que en el fútbol se ve más violencia y agresividad que en los toros; en el fútbol se maltrata continuamente a otro animal y  entre otros animales y en el fútbol  o por consecuencias del fútbol  siempre hay más muertos que en las corridas de toros. Pero nadie sale a protestar por el fútbol o a pedir que se prohíba el fútbol.
Tenemos también la caza. Nadie sale a protestar por la caza de animales.
Será porque no se maltrata al animal. ¿Acaso alguna vez queda algún animal herido? ¿Creéis que ese jabalí, corzo o venado no sufre cuando lleva detrás una jauría de perros? Supongo que aquí no hay agresividad.
Pero, claro, la caza supone mucho dinero para el gobierno; mucho dinero para los ayuntamientos del que directamente o indirectamente todos nos beneficiamos. Mucho dinero para esas empresas de armas. Muchos puestos de trabajo.
Lo que me llama la atención es que nadie protesta por la caza, nadie sale en manifestación cuando hay una batida, y por supuesto nadie se atreve a pedir que se prohíba la caza. Me sorprende tanta aquiescencia en este sentido. Ahora sí es verdad que hoy a los cazadores se les conceden un privilegio más: cuando hay batida no podemos salir al campo ni los caminantes, ni los seteros, ni los ciclistas… aquí sí prohibimos pero a los demás, no a lo agresivos, no a los que proporcionan mal trato a los animales. Pero, evidente, las leyes siempre son justas, ¿tenéis duda?
A los toros no estamos obligados a ir; al fútbol no estamos obligados a ir, pero al campo sí que estamos obligados a no ir.

Viaje con el Club desde Laredo a Noja

  De Laredo a Noja pasando por Santoña. Ruta corta y, quitando la primera parte que fue todo urbano, bonita y entretenida. El tiempo amenaza...