domingo, 10 de enero de 2016

Recuerdo de mi infancia: Mi amigo el "Seco"



                                                                                                         Camina solitaria la noche,
                                                                                                         llenándose de sueños  y
                                                                                                         quejidos            
                                                                                                         y al alba
                                                                                                         se esconde entre montes y
                                                                                                         olivos.


            Cada persona tiene en su vida a otra persona que bien ha admirado o simplemente le ha marcado, por alguna razón,  alguna etapa de su vida. Un profesor, un médico, un deportista o quizá solo y simplemente un compañero de infancia. Este es mi caso.
Era más alto que ninguno de nosotros y su cuerpo fibroso, exento de grasa más su rostro enjuto le daba el aspecto de ser  más alto y demasiado delgado. Se llama Antonio, pero todos lo llamamos  “el Seco”, y mis primeras correrías por el campo siempre fueron con él.
Supongo que iría a la escuela como casi todos los niños, pero yo siempre lo conocí fuera de ella y trabajando en trabajo temporales: recogida de algodón, recogida de aceitunas, recolectando uvas y alubias en Francia,  y vendimiando  en pueblos de Castilla la Mancha.
Orientándose en el campo es lo mejor que yo he conocido jamás. Nunca se perdió ni una sola vez, y eso que anduvimos  kilómetros  y kilómetros   sin  brújula y sin mapa. Se conocía todos los caminos, sendas, todas las fuentes del lugar y los pozos que había por la zona. 
                                  Las crías de las perdices los llamados "perdigones.
Buscábamos nidos de jilgueros, de tórtolas, pero sobre todo eran las crías de las perdices, a las que llamábamos “perdigones”,  las preferidas. Nos  encantaba capturarlas corriendo detrás de ellas. Conseguir atrapar algún perdigón era todo un regocijo sin par para nosotros. Las   crías de las perdices se crían con mucha facilidad ya que  comen solas desde que rompen la cascara del huevo. Una vez dentro del olivar la técnica a seguir era sentarse en el suelo e intentar oír el canto de algún pequeño o de una madre intentando reunir a sus polluelos desperdigados. Si no daba resultado había otras dos opciones: tener la suerte de toparse con ellos mientras descansaban  a la sombra de un olivo o imitar el canto de un pequeño, a ver si la madre respondía delatándonos su presencia.
En invierno colocábamos las “costillas” —trampas de alambre para atrapar pájaros— para cazar a los zorzales. Las hormigas con alas era el cebo perfecto para atraerlos hacia la muerte. Una buena caza de zorzales suponía que al día siguiente habría un buen arroz o una buena fritura con estos pájaros.
                               Trampa denominadas "costilla" que sirve para atrapar zorzales.
El ilustre naturalista Don Félix Rodríguez de la fuente gozaba en este tiempo de mucha fama con su programa televisivo “El hombre y la Tierra”, y ya en varios programas denunció la fea práctica de los andaluces de atrapar pájaros con estas artes.
Hoy me arrepiento de ello y no lo haría por nada del mundo, pero aunque quisiera ya no puedo reparar todo el daño que hemos hecho a tantos animales.  Pero en esos tiempos era una forma extraordinaria de disfrutar y de aprender, además  de estar en contacto con la naturaleza.
                             El ilustre naturalista Dr. Félix Rodríguez de la Fuente
Recuerdo un día que me  encontré al Seco llorando, y me sorprendió muchísimo ya que yo no lo había visto llorar nunca por ningún motivo.  Sus ojos repletos de lágrimas, la nariz supurando mucosidades,  y él restregándose los ojos y la nariz con el dorso de la mano y usando la pernera del  pantalón como pañuelo. Le pregunto qué le ocurre y me dice que su padre le había matado el macho de  perdiz. Aquel macho  que curiosamente habíamos atrapado  el verano del año pasado, que nos costó un trabajo enorme capturar, y en el cual él había puesto toda su ilusión en que fuese uno de los mejores machos de todos los que había tenido.  Los  machos siempre se han usado como reclamo en la caza de la perdiz y si salía buen cantor se podía obtener una buena cantidad de dinero por él.
 Sería ya pasado mediados de mayo cuando una tarde bien calurosa, de esas que se frien los huevos al sol,  salimos por la parte sur del pueblo por un camino, que paralelo al que asciende hasta la ermita de la virgen de la Estrella, nos sube tranquilamente hasta los olivos. Anduvimos unos  kilómetros y abandonamos el camino  internándonos en medio del olivar, en ese dédalo de olivos todos iguales, bien alineados y con el suelo rojizo y tan limpio que era casi imposible encontrar hierbas.
Ahora toca descansar un poco bajo  la sombra de un olivo y esperar hasta recuperar un poco el aliento. Ya recuperados iniciamos sigilosos la búsqueda de nuestro trofeo. Llevábamos buen rato caminando cuando nos sale una bandada de perdices, ya de un tamaño considerable. El primer vuelo suele ser el más largo ya que como es lógico las perdices están descansadas. Después de ver donde caen unas cuantas nos dirigimos corriendo con todas nuestras fuerzas hacia ellas, y, cuando estamos cercas de ellas, las obligamos a que efectúen un segundo vuelo. Este es ya más corto y más desperdigado que el primero, pero tuvimos la fortuna de ver  donde caía el macho protagonista de este duelo. El tercer vuelo es ya muy corto y el animal esta vez, ya sin fuerzas y agotado por el inmenso calor, opta por tenderse en el suelo y sirviéndose del camuflaje intentar pasar inadvertido, pero no fue así porque el Seco vio bien claro donde caía, y llegado al lugar atraparlo fue fácil. Estaba agotada la pobre perdiz y ya capturada nos fuimos bajo la sombra de un olivo para que tanto el animal como nosotros nos pudiésemos recuperar. Jamás, que yo recuerde,  llevábamos al campo ningún tipo de merienda ni ninguna botella de agua, así que recuperarnos con estas temperaturas y estas carreras no era nada fácil. Esta espera fue más larga y placentera ya que tener en las manos ese bonito trofeo nos reconfortaba enormemente. El ritual después de una captura siempre era el mismo: se sujetaba al animal con una mano y con la otra se le acariciaba para tranquilizarla. Se le soplaba para intentar aliviar su agobio, y tranquilo a esperar que se tranquilizase el animal y fuese asumiendo su nueva situación que como es lógico, pensar eso de  un animal de estos no es nada fácil: cambiar su libertad por una cárcel.
¡Qué bella era!, poseía una gran cabeza y eso nos inclinaba a que fuese macho y no hembra. Con el tiempo se comprobó que se había acertado y era un bello ejemplar de perdiz macho.
El caso fue que pasado ya casi el año a su padre se le ocurre un día la magnífica idea de llevar este macho a probarlo  al campo, a ver qué tal se comporta. Tiene buena pinta, pero hay que comprobarlo in situ. Lo mete en una jaula. Se lo lleva al olivar. Lo cuelga  en la rama de un olivo en un lugar estratégico, según él, y se sienta paciente en el suelo, alejado  de su vista,  a oírlo cantar.  Su padre no tiene en cuenta la hora, ni la temperatura, ni el estado del celo del animal; es un macho y está obligado a cantar siempre. Y ese día el macho no se sintió con ganas de cantar y estuvo todo el rato sin abrir el pico. Así que cuando el padre se cansa de  esperar,  y el concierto con el cual él se pensaba deleitar no comienza, pierde  la paciencia y exasperado coge la jaula, la agarra por el gancho que hay en su extremo y empieza  a sacudirla de arriba abajo  hasta dar por moribundo  al pobre animal, que como es lógico pensar ni comprendía qué pasaba  ni cómo podía defenderse de esta vesania. El caso es que el hombre todo iracundo  le repetía al pobre animal mientras lo sacudía salvajemente: “al campo se viene a hacer cuchichí, cuchichí… cuchichí, cuchichí.” Y así acabó la vida del macho y la esperanza de mi amigo el Seco de disfrutar de este animal y de sacar un provechoso montante económico de su venta.
¡Cuántas veces nos hemos reído hasta desternillarnos recordando  este lamentable hecho! Fueron muchas más las lágrimas de las risas del recuerdo que las lágrimas lastimeras del primer día.
Sus otras dos aficiones eran el fútbol y la pesca. Cuántas veces sufría cuando perdía la selección española —que por aquella época era casi siempre—. Siempre me decía donde había fallado y cómo lo habría planteado él para ganar el partido. A mí el fútbol nunca me ha gustado y sigue sin gustarme, pero así era la cosa. No recuerdo qué equipo era su favorito, pero sí recuerdo que en aquellos tiempos solo se podía ver por la televisión al Real Madrid en la única cadena que teníamos. Así que todos los domingos a disfrutar del fútbol y del equipo del Caudillo. En cuanto a la pesca (tampoco me ha gustado nunca) solo se hacía durante el otoño o parte del invierno. No había dinero para cañas, ni aperos de ningún tipo, así que con un pedazo de sedal, una lata y mucha habilidad se iba a pescar. Muchas horas aguardando a la orilla del río Guadalquivir para pescar alguna carpa o algún barbo  que luego no se comía nadie, y bien se devolvía al río o se le daba a cualquier  persona que lo desease; pero servía para  pasar el tiempo y agudizar el ingenio. Al fin y al cabo no había nada más que hacer.

sábado, 26 de diciembre de 2015

La Madre



La Madre, se podía leer en la tapa del libro que ella sostenía en sus manos, y que estaba leyendo desde que se sentó en el banco de la estación de autobuses.  A estas horas se hallaba casi desierta; solo una pareja sentada en otro banco era toda la compañía que ella podía divisar desde su posición.

    Un grupo de seis jóvenes entran por la puerta con  gran alboroto. Risas, gritos y empujones de unos a otros delatan su presencia. Unos se sientan en un banco y los otros de pie, alrededor de los sentados,  así todos juntos prosiguen con su diversión. La estación hasta ahora casi desierta y silenciosa  ha  cobrado vida.
   Pocos minutos después un mendigo vestido con harapos, sucio, con una gorra publicitaria que ya no se sabe de qué color es, ni que empresa anuncia. Éste se dirige hacia el grupo de jóvenes, y, sin cortarse lo más mínimo, se planta delante de uno de ellos y con la mano extendida hacia él, el dedo pulgar hacia arriba y el dedo índice en línea recta (asemeja una pistola), los otros tres dedos cerrados sobre la palma, le espeta:¡bang!  Después se acerca el índice a los labios y sopla el dedo para despejar el imaginario humo de la dedil pistola.
   Los jóvenes, que al principio se han quedado todos mudos y sorprendidos, al ver concluir todo el ritual comienzan  a reír a grandes carcajadas. Uno de ellos  grita: “te ha dado en pleno corazón, Samu.” 
   Otro de ellos dice casi al mismo tiempo:
—¿De dónde cojones ha salido este Harry el sucio?
   El  mendigo no se ha inmutado nada con sus risas y sus gritos, y tal como hizo la primera vez vuelve a repetir su acto. Esta vez apunta hacia otro. Los jóvenes vuelven a soltar grandes carcajadas, y uno de ellos grita, mezclándose sus palabras  con la risa, lo que lo hace casi ininteligible:
  —Éste va acabar con todos  nosotros si no le quitamos el arma.
   Uno de ellos se va hacia el mendigo, le echa el brazo por el hombro y le dice muy delicadamente:
  —¿Te apetece fumar un cigarro con nosotros, Harry?
   Inmediatamente uno de los jóvenes saca tabaco y papel de liar y comienza confeccionar un cigarro. En poco segundos lo tiene preparado y se lo ofrece al recién bautizado Harry. Éste lo toma sin recelo  de ningún tipo y le pega una buena calada. Nada más acabar su calada, empieza a toser convulsivamente, agachando la cabeza e intentando expulsar todo el humo que ha aspirado. Después de un buen rato tosiendo y con los ojos llenos de lágrimas, Harry se incorpora, recupera la verticalidad y mira a todos los jóvenes, que en estos momento se están desternillando  y con sus ojos lacrimosos, todos de pie alrededor de él. Harry no dice nada, da la vuelta y se va hacia otro lugar.
La joven lectora que lo ha visto todo, teme que no habiendo nadie más en el andén que  la pareja, la cual no se ha inmutado lo más mínimo, y ella, ahora le toque a ella el tener que aguantar a Harry.
No se equivoca Harry se dirige hacia ella y a unos pasos le dice:
    —¡Estos cabrones han cargado el porro a tope!
    —Señorita, ¿a quién lee usted a Gorki o Pearl S. Buck?
   Cualquier cosa esperaba ella menos esa pregunta viniendo de este individuo, pero incluso así le respondió.
    —   Es Pearl S. Buck.
    —    A mí me gustó más la de Gorki.
    —   ¿Por cierto sabe usted que significa la ese.
    —   Pues, la verdad, es que no.
    —   La S. significa  Sydenstricker. Que pase usted buena noche—. Le dijo el mendigo mientras se alejaba de ella
     —   Oiga, oiga, señor— Le gritaba ella al mendigo.
Éste se volvió y vio como la joven le extendía la mano sujetando un billete de 10 euros y le dijo:
     —Tome y, por favor, no se lo gaste en vino.
     —   Yo no le he pedido nada, señorita.
     —   Ya lo sé, pero me gustaría que lo aceptase, por favor.
     —   Él coge el billete y le dice mirándola— Yo antes no era así, pero la muerte de mi madre, esta crisis y mi cerebro infestado de prejuicios y estulticia me han llevado a esta situación. Puede estar usted, señorita, segura que no lo gastaré en vino ni en nada de alcohol; ¡gracias, que pase buena noche!
El mendigo desaparece por la puerta, los jóvenes siguen con su alboroto esperando cualquier autobús o persona; la pareja sigue con su vida; ella prosigue con su lectura y la estación de autobuses sigue esperando los autobuses y sus clientes para trasladarlos a sus lugares correspondientes.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Cross Internacional de Atapuerca 2015

Domingo 15 de noviembre. Se ha celebrado el Cross de atapuerca y este año hemos disfrutado de un hermoso clima primaveral muy impropio de esta tierra en este tiempo otoñal.
Bastantes participantes de todas partes y donde en categoría absoluta masculina ha vuelto a triunfar el etíope Merga, y con esta ya van cinco. segundo ha sido el ugandés Toroitich y tercero el etíope Ayalev. En españoles primero ha sido el nacionalizado Bezabeth, después Abadía y cogidos de la mano Castillejo y Fifa.
En categoría absoluta femenina no ha repetido campeona y así Olgira se ha alzado con el título, seguida de Heroye y Gebre; todas ellas etíopes aunque Gebre está nacionalizada española.






















































Viaje con el Club desde Laredo a Noja

  De Laredo a Noja pasando por Santoña. Ruta corta y, quitando la primera parte que fue todo urbano, bonita y entretenida. El tiempo amenaza...